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lunes, 15 de febrero de 2016

Agua que has de beber - Publicado Lucas Cremades



Por Lucas Cremades 
Ahí está el mar. Azul, verde esmeralda o marrón. Con miles de millones de años uniendo y separando continentes. Advertido por navegantes, expedicionarios, pescadores, enamorados, desahuciados y veraneantes, entre los tantos que lo contemplan. Amado y temido, el mar ocupa una porción tan grande del planeta que nadie puede desconocer su existencia aun sin nunca haberlo visto. El agua salada representa un 97,5 por ciento del agua que existe en el planeta, pero se dice que no es apta por el consumo. Sin embargo, la medicina alternativa a la tradicional recoge de sus propiedades naturales algunos beneficios terapéuticos y preventivos que actuarían a través de la ingesta de agua de mar.

Apoyados en las investigaciones del fisiólogo y naturalista francés René Quintón, los seguidores de esta corriente sostienen que el agua que vemos venir en olas espumosas guarda una propiedad por demás saludable. En 1904, el científico se hizo famoso al tratar desnutrición, tuberculosis, tifus y cólera mediante el consumo de agua de mar. Más de cien años después, este método fue legalizado en Nicaragua y en Europa, principalmente en España, distintas empresas encontraron un negocio: embotellar agua de mar para venderla como un objeto de primer nivel.

Quintón fue ninguneado por la comunidad científica y tratado como un hereje. Pero sus elucubraciones están de regreso y no tan sólo como un negocio financiero sino como un beneficio al alcance de toda la humanidad. 

Entrevistada por Veintitrés, la doctora María Teresa Ilari –médica recibida en la Universidad Autónoma de Barcelona, radicada en Nicaragua desde 1980–, admite que prescribe terapéuticamente agua de mar a todos sus pacientes desde el año 2003. “He observado excelentes resultados en la cura de las más diversas patologías. El agua de mar restituye los componentes esenciales para la vida en el medio interno, normalizando el funcionamiento de los órganos dañados por causas orgánicas, y también por una alimentación precaria o cargada de toxinas, o por el consumo desmesurado de medicamentos. Todos empiezan a mejorar”, refiere la homeópata, quien la prescribe ante casos de “diabetes, hipertensión arterial, enfermedades del corazón, insuficiencia renal crónica, cánceres, etcétera”.

Para Ilari, la experiencia ha sido transformadora desde que el gobierno nicaragüense, en base a resultados médicos comprobados, aprobó la ingesta de agua de mar como medicina oficial a partir de la ley 774 de Medicina Natural, Terapias Complementarias y Productos Naturales, oficializada en 2012. Ese fue el punto de partida del Proyecto de Dispensarios Marinos que abarca a una población de más de 20 mil pacientes a través de 80 dispensarios marinos. “Desde la Clínica Santo Domingo se reparten mensual y gratuitamente más de seis mil litros de agua de mar en los dispensarios marinos de todo país. El agua se analiza en el Centro de Diagnóstico Clínico del Ministerio de Salud, donde se comprueba que no está contaminada, ya que su concentrada composición en sales inactiva, por ósmosis, los microbios de procedencia terrestre que puedan haber caído en el mar”, aclara la médica catalana.

En la Argentina, el consumo de agua de mar crece a fuerza de recomendaciones individuales que van de casa en casa con la fuerza de una red de voluntarios anónimos y apasionados. Cuenta con dispensarios marinos en provincias como San Luis, Mendoza, Entre Ríos, Santa Fe y la localidad de La Plata, en Buenos Aires, entre otros. Nucleados a través del concepto solidario de reciprocidad y agrupados por la terapeuta holística Griselda Donatucci, presidenta de la Comunidad Internacional de Promotores del Agua de Mar, se tienden puentes de conocimiento mediante entrevistas a especialistas de todo el mundo que tratan pacientes mediante esta técnica. Donatucci, a su vez, lleva adelante una tarea titánica para dar a conocer esta iniciativa de forma gratuita y asiste adonde sea que la convoquen para hablar. En diálogo con Veintitrés, la profesional profundiza los alcances de esta práctica inspirada en la medicina naturista: “Usar agua de mar es totalmente ecológico, se dejan los químicos y los conservantes. Nos vuelve más natural la vida. Entre sus cualidades podemos nombrar el tema de lavarse los dientes usando el agua de mar como dentífrico. Funciona como excelente enjuague bucal. Para las caries, para las inflamaciones en las mejillas, o en las encías. Eso puede servir para quienes no la quieren beber”, sugiere.

Donatucci ofrece información permanente a través de su canal de YouTube, como por ejemplo: “A los niños y ancianos trato de recomendarles un rociador con agua de mar para las lastimaduras”. La terapeuta acaba de llegar de Punta del Este, donde brindó una conferencia sobre “cocina con agua de mar” para más de cincuenta personas en el Hotel Posada de la Ballena.

Lo hace porque sabe que “la cocina es la manera más fácil para que la gente adopte el agua de mar en sus hábitos diarios. Tomar con un jugo de frutas, mezclándolo con poco menos de dos centímetros de agua de mar, nos da todos los nutrientes de vitamina C que se potencian con un jugo de naranja. Para los ancianos incluir un poco de agua de mar en una sopa en su rutina diaria es magnífico”, afirma Donatucci, quien bebe agua de mar desde 2011.

Como promotora de este hábito, no deja nada al azar. “El agua como nutriente se puede tomar de forma hipertónica (sin rebajar) o isotónica (rebajada en la proporción de tres cuartas partes de agua dulce y una cuarta parte de agua de mar). En el primer caso hay que beberla a pequeños sorbos, mientras que si está rebajada se tomará en pequeños vasos y de forma espaciada para evitar que la acumulación de sal en el intestino tenga un efecto laxante. Se recomienda la ingesta de una cantidad de un cuarto de litro al día de agua de mar, excepto si se tienen problemas renales o de hipertensión”, aclara.
“Podemos obtener el agua del mar mediante nuestra red de dispensarios voluntarios, que sólo cobran el envío o bien recogiéndola nosotros mismos con la prevención de ir a un sitio no contaminado”, sugiere la terapeuta holística.

Lo ideal es obtenerla de alta mar, enviarla a un laboratorio para descartar contaminaciones o radiación y luego envasarla. En un proceso de filtrado casero, la obtención debe hacerse con el agua a la altura del hombro, tomando el líquido desde el fondo. Luego, hay que dejar que decante antes de consumirla. 

“Se pueden hacer verduras al vapor con agua de mar. O dos tazas de arroz, una taza de agua común y una de agua de mar. Podemos salar el pescado y las carnes. En un momento en el que el mundo ha perdido los nutrientes, la propiedad de los suelos, la alimentación de los animales, todos esos nutrientes que se pierden en el camino los recuperamos utilizando el agua de mar”, concluye la especialista.

Pero mientras que desde países como Nicaragua o Colombia –este último representado por el especialista Laureano Domínguez– aseguran que el agua de mar regenera las partes de nuestro cuerpo que están degeneradas gracias a que contiene minerales, la medicina tradicional reclama prudencia. “Las redes sociales democratizan la ciencia a veces demasiado”, arbitra Mónica Katz, médica especialista en nutrición. “Las redes sociales ayudan y hay un auge de lo natural o de lo místico que se quiere vender sin que expertos digan lo contrario. En salud, si hay una postura está bueno comunicarla. La revolución ocurrió hace 500 años, cuando se desarrolló el método científico experimental”, agrega la médica de la Universidad Favaloro. “Vale la pena aclarar que toda práctica es válida, siempre que sea segura. Existen productos, por ejemplo las algas, que tienen sales como el iodo. Lo de beber agua de mar me parece más una cuestión de leyenda. La mística y la ciencia en su punto medio son fantásticas para la vida. Pero creo que es más creencia, o más fe que otra cosa”, opina Katz.

Si de la mar venimos y a la mar vamos –dentro o fuera de los conceptos y métodos científicos–, sabremos que el agua ocupa el 70 por ciento de nuestro cuerpo. Que lo salado de nuestro sudor sobre la piel y el sabor de nuestra sangre, que también se percibe salada, se deben al sodio en estado orgánico, junto
con los 118 elementos de la tabla periódica, incluyendo elementos como el oro, la plata y el uranio, todos ellos imprescindibles, en forma orgánica, para el ser humano. 

Opinión 
Nueva medicina germánica
Por María Teresa Ilari. Médica Internista, Homeópata, Terapeuta floral, prescriptora de agua de mar
Las 5 Leyes Biológicas descubiertas y descritas por el médico alemán Ryke Geerd Hamer en los años ’80, probaron científicamente que el cáncer no es lo que hasta hoy considera la ciencia: una proliferación de células cancerígenas mortales creciendo descontroladamente, sino que es el resultado de un Programa Biológico Especial y Significativo de la Naturaleza experimentado durante millones de años de evolución. La Nueva Medicina Germánica ofrece así una comprensión completamente nueva de lo que la ciencia llama “enfermedad”. Al ser ésta, en realidad, un programa de sobrevivencia del individuo y de la especie, el Dr. Hamer pudo constatar que la solución conlleva la curación natural, sin la necesidad de medicamentos. La autorresponsabilidad del individuo en la propia cura es el eje básico del acompañamiento terapéutico. Basado en criterios científicos probados a lo largo de más de 30 años en más de 40 mil pacientes, la Nueva Medicina Germánica –legalmente contemplada en Nicaragua por la ley 774– rompe con los mitos de las células cancerígenas malignas o de los microbios destructivos. Identifica a las “enfermedades infecciosas”, así como a los tumores cancerosos “malignos”, como medidas naturales de emergencia biológica practicadas durante millones de años y diseñadas por la naturaleza en el proceso evolutivo de la vida, para salvar al organismo y conducirlo a su recuperación natural, y no para destruirlo como nos fue enseñado. Este nuevo paradigma médico devuelve el poder y la responsabilidad al paciente, humaniza la práctica médica y aporta un considerable ahorro, ya que reduce el abuso de exámenes, innecesarios para el acompañamiento del proceso de cura, y el desmesurado consumo de fármacos, que al impedir el mecanismo natural de la recuperación de la salud, cronifican las enfermedades.
En primera persona
Tomo agua de mar, estoy consumiendo porque es un plasma que te regenera todas las células, te limpia y te levanta la energía”, destacó Gustavo Cordera, ex líder de Bersuit Vergarabat, durante una entrevista radial en mayo de 2015. “Se toman dos medidas de agua de mar con cinco medidas de agua pura. Es maravillosa. No hay ningún animal marino que esté enfermo”, contó el cantante. A Cordera se suma el bailarín Iñaki Urlezaga, quien entrevistado por Griselda Donatucci en su canal de YouTube, explicó: “Gracias al dispensario marino que hay en la ciudad de La Plata, a cargo de Liliana Ducca, recibo agua de mar. Es un trabajo en conjunto. Que llegue el agua a la gente no es fácil. Empecé a tomarla como algo preventivo, no tenía problemas de salud ni síntomas de dolor. Pero sí tenía problemas en la piel por exceso de masajes. Hacía cinco años que tenía hematomas y en quince días que empecé a tomar agua de mar, me curé naturalmente”, narró el bailarín clásico. “Hasta mi kinesiólogo vino a verme porque no lo podía creer. La he tomado con jugo de limón, mandarinas o naranjas. Es muy rica y se puede tomar con las comidas. La proporción con agua potable es mitad y mitad. Trato de tomar medio litro por día desde junio del 2015. No me morí todavía. El agua de mar inmediatamente te modifica el estado de ánimo. Es lo primero que sentí. Que la gente se anime. Es gratuito, es natural y no tiene resultados contrarios. Hay que divulgarlo” concluyó Iñaki.
http://www.veintitres.com.ar/

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