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SI YO CAMBIO, TODO CAMBIA !!!

viernes, 19 de septiembre de 2014

Todas las estaciones tienen su encanto...pero cuando más notamos que se despiertan las energías, se potencian los amores, se expenden pensamientos creativos, sin duda es durante la PRIMAVERA !!! Momento propicio para desearles que la Luz los envuelva y los bendiga trayendo multiplicado el AMOR, PAZ Y ARMONÍA !!!

Abrazo de Luz !!! Tom
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martes, 16 de septiembre de 2014

¿QUE DEBE SABER UN NIÑO DE 4 AÑOS? (Lic. Miriam I Martínez)


¿QUE DEBE SABER UN NIÑO DE 4 AÑOS?
(Lic. Miriam I Martínez)

Hace poco, en un foro sobre la educación de los hijos, leí una entrada de una madre preocupada porque sus hijos, de cuatro años y año y medio, no sabían lo suficiente. "¿Qué debe saber un niño de cuatro años?", preguntaba.
Las respuestas que leí me llamaron mucho la atención. Una madre indicaba una lista de todas las cosas que sabía su hijo. Contar hasta 100, los planetas, escribir su nombre y apellido, y así sucesivamente. Otras presumían de que sus hijos sabían muchas más cosas, incluso los de tres años. Algunas incluían enlaces a páginas con listas de lo que debe saber un niño a cada edad. Solo unas pocas decían que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que no hay que preocuparse.
Pensé que probablemente la respuesta de esas mujeres a una madre angustiada fuera añadirle más preocupación. Somos una cultura tan competitiva que hasta nuestros niños en edad preescolar se han convertido en trofeos de los que presumir. Pero atención!!! La infancia no debe ser una carrera que arroja por resultado niños ganadores y niños perdedores.
Alicia Bayer, una mujer norteamericana que se interesa por los temas de infancia y educación, hace una lista de aquellas cosas importantes que debe saber un niño/a de 4 años. Me pareció hermosa y la comparto:
1.Debe saber que lo quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento.
2. Debe saber que está a salvo y además cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra gente y en distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus derechos y que su familia siempre lo va a apoyar.
3. Debe saber reír y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con seis patas.
4. Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.
5. Debe saber que el mundo es mágico y él también. Debe saber que es fantástico, listo, creativo, compasivo y maravilloso. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y casitas de cuentos de hadas es tan importante como aprender los números. Mejor dicho, mucho más.
PERO MÁS IMPORTANTE ES LO QUE DEBEN SABER LOS PADRES:
1.Que cada niño aprende a andar, hablar, leer y hacer cálculos a su propio ritmo, y que eso no influye en absoluto en cómo de bien ande, hable, lea o haga cálculos después.
2. Que el factor que más influye en el buen rendimiento académico y las buenas notas en el futuro no son los manuales, ni las guarderías elegantes, ni los juguetes caros, sino que mamá o papá dediquen un rato cada día o cada noche (o ambos) a compartir momentos de juego, lectura, dibujos y risas con sus hijos.
3. Que ser el niño más listo o más estudioso de la clase nunca ha significado ser el más feliz. Estamos tan obsesionados por tratar de dar a nuestros hijos todas las "ventajas" que lo que les estamos dando son unas vidas tan pluriempleadas y llenas de tensión como las nuestras. Una de las mejores cosas que podemos ofrecer a nuestros hijos es una niñez sencilla y despreocupada.
4. Que nuestros niños merecen vivir rodeados de libros, naturaleza, utensilios artísticos y, lo más importante, libertad para explorarlos. La mayoría de nosotros podríamos deshacernos del 90% de los juguetes de nuestros hijos y no los echarían de menos, pero algunos son importantes: juguetes creativos como los LEGO y los de encastre, una buena cantidad de témperas y plastilinas, los instrumentos musicales, los disfraces, y libros y más libros. Necesitan libertad para explorar con estas y otras cosas, amasar pan y ponerlo todo perdido, usar pintura, plastilina y purpurina en la mesa de la cocina mientras hacemos la cena aunque lo salpiquen todo, tener un rincón en el jardín en que puedan arrancar la hierba y hacer un cajón de barro.
5. Que nuestros hijos necesitan tenernos más. Hemos aprendido tan bien eso de que necesitamos cuidar de nosotros mismos que algunos lo usamos como excusa para que otros cuiden de nuestros hijos. Claro que todos necesitamos tiempo para un baño tranquilo, ver a los amigos, un rato para despejar la cabeza y, de vez en cuando, algo de vida aparte de los hijos. Pero vivimos en una época en la que las revistas para padres recomiendan que tratemos de dedicar 10 minutos diarios a cada hijo y prever un sábado al mes dedicado a la familia. ¡Qué horror! Nuestros hijos necesitan la Nintendo, los ordenadores, las actividades extraescolares, las clases de ballet, fútbol e inglés mucho menos de lo que nos necesitan a NOSOTROS. Necesitan a unos padres que se sienten a escuchar su relato de lo que han hecho durante el día, unas madres que se sienten a hacer manualidades con ellos, padres y madres que les lean cuentos y hagan tonterías con ellos. Necesitan que demos paseos con ellos en las noches de primavera sin importarnos que el pequeñajo vaya a 150 metros por hora. Tienen derecho a ayudarnos a hacer la cena aunque tardemos el doble y trabajemos el doble. Tienen derecho a saber que para nosotros son una prioridad y que nos encanta verdaderamente estar con ellos.
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Mucho para reflexionar como padres, educadores, o desde el lugar que nos toque en contacto con uno de los tesoros más preciosos: LA INFANCIA.

lunes, 15 de septiembre de 2014

La acción de la no reacción frente a la provocación - Publicado en El Blog Alternativo de Lorena S.

reaccion
Cerca de Tokio vivía un gran samurái ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Sabida la reputación del anciano samurái, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar así su fama. En el monasterio, todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.
Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzó a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos ofendiendo incluso a sus ancestros.
Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.
Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
Desilusionados por el hecho de que el maestro hubiera aceptado tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
- ¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad?
¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?
El maestro les preguntó:
-Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?-
A quien intentó entregarlo -respondió uno de los alumnos.
Pues lo mismo sucede con la envidia, la rabia y las ofensas -dijo el maestro.
Si no las tomas, quedan en el agresor.
Es nuestro instinto natural “saltar” y arremeter hacia alguien que nos asalta con críticas, acusaciones o juicios.
Nos justificamos o caemos en el mismo juego de la crítica y el juicio. Es un “a ver quién puede más” o quién tiene la razón. Y nunca acaba bien, porque si impones tu razón, suele ser menoscabando a tu adversario de alguna manera, y al final te acabas sintiendo culpable; y si no lo consigues, te habrás quedado exhausto emocional y energéticamente en el intento. Como si una ducha tóxica te hubiera caído por encima.
Saltamos como un resorte.  Pero… ¿quién salta? ¿Qué parte de ti necesita defenderse? ¿De qué? Por qué?
Cuando reaccionamos, no estamos luchando contra nadie salvo contra nosotros mismos.
El otro no tiene nada que ver aquí. Ellos sólo te ofrecen su regalo. Tú decides si lo tomas o no.
Cuando no reaccionas, no estás “perdiendo”, no te estás doblegando, no estás permitiendo una situación que te molesta, muy al contrario, estás comprendiendo, desde una posición atenta y consciente. De ninguna manera es un signo de debilidad. Todo lo contrario.
Además te estás permitiendo un momento para el análisis, y para sentir, el enfado, el dolor o la rabia. La tendencia es a expulsarlos fuera de nosotros con la reacción, como siempre, que hacemos lo imposible por no sentirnos. Pero al sentirlos, y dejarlos, pasarán de ser emociones negativas, a emociones transformadas y autoconocimiento.
Reconocerás que las críticas, ya sean desagradables o no, son los propios sentimientos y opiniones de uno mismo proyectados. El dolor, las inseguridades, el Ego herido. Cuando te das cuenta que no es nada personal, entrarás en un estado de no reacción, y serás capaz de reconocer el por qué de la conducta del otro, porque te habrás visto en él.
Sólo somos capaces de ver en el otro aquello que ya hemos visto en nosotros.
Según la cuántica, el observador y la realidad observada son interdependientes. La realidad está en un estado de potencial (descrita por una función de onda, o de probabilidad) que no se manifiesta hasta que no se realiza una medida.
El universo se está formando conforme interactuamos con él. Es decir, que si no sabes nada de algo, no puedes observarlo. Si no has llegado a ciertas profundidades de tu espacio interior, no vas a poder percibirlas tampoco en otros.
Os animo entonces, a observaros.
En el silencio hay fuerza. En la no reacción, hay poder y hay valentía.
No me estoy rindiendo cuando “paso”. Me hago más fuerte. Soy yo quien gano.
Lorena S.
lorena
Lorena es Licenciada en Biología. Tiene formación en Yoga, meditación, Sintergética, Bioenergética, Medicina vibracional, Ayurveda, Chakras y cuerpos energéticos, y terapias orientales. Además administra su propio blog donde trata  temas relacionados con el desarrollo personal, espiritualidad, conciencia, filosofía, psicología, física cuántica, medicina alternativa, alimentación… Un blog que acompaña su propio proceso de crecimiento: www.energizate.net


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